Me acaba de llegar un mensaje al móvil de una conocida cadena de TV, animándome a que envíe un mensaje de texto para participar en un sorteo que me puede hacer multimillonario. La oferta es tentadora y casi respondo a la llamada del celular, al fin y al cabo sólo soy un ser humano y me resisto a casi todo, menos a la tentación, tal y como le ocurría al gran Oscar Wilde.

Tras borrar el mensaje, me pregunto cómo han conseguido mi número de teléfono, quién se lo ha proporcionado…Las preguntas, que me aturden por un instante, no son triviales pues las respuestas pueden vulnerar el derecho a la privacidad, que cada uno de nosotros debería tener garantizado.

El gobierno alemán acaba de prohibir el uso de una herramienta gratuita de Google. El software en cuestión se llama Google Analitycs, y se utiliza para saber cuántos usuarios han visitado una web y cómo han interactuado con la misma. Es una herramienta muy útil porque ofrece información sobre muchos parámetros: número de visitantes al site, visitantes nuevos, visitantes antiguos, clicks, países de donde proceden las visitas…un largo etcétera muy bien presentado y con gráficos excepcionales.

La citada herramienta registra los pasos de la IP del internauta, es decir, tu dirección de protocolo de internet deja de ser una incógnita para la herramienta de Google y te sigue de forma sigilosa a través de una web que tenga instalado el código que proporciona Analitycs. Y esto que hace Google no le gusta al gobierno de Angela Merkel porque considera que se vulnera la privacidad del usuario en la red. “Hasta ahora todo lo que Google nos ha presentado es insuficiente, así que hemos roto todo tipo de conversaciones”, así de tajante se mostró el comisario alemán para la protección de datos, Johaness Gaspar, en declaraciones a los medios de comunicación.

Ante esta decidida intención del ejecutivo alemán por hacer cumplir la Ley de Protección de Datos a todas las empresas que estén afincadas en su territorio, uno se pregunta por qué no existe una regulación en materia de protección de datos unánime, al menos, en todos los países que integran la Unión Europea. Se puede dar la paradoja de que un ciudadano alemán tenga garantizado una serie de derechos amparados por la Ley de Protección de Datos en su país y que en sus vacaciones por tierras mallorquinas en busca del ansiado Sol, pierda parte de su derecho a la privacidad si se le ocurre navegar por la red. En estos momentos, me acaba de llegar otro mensaje al móvil ¿Qué intentarán venderme en esta ocasión?